DESPERTANDO A LA VIDA

26 septiembre 2009

El músico, la música y el instrumento

Filed under: 1 — chusju @ 18:53

Algo esbocé en la anterior entrada ya. Nos hemos perdido, nos hemos confundido con el cuerpo, hemos quedado atrapados como moscas en la miel y lo confundimos todo. Como escuché a Sesha decir una vez, “tenemos una empanada mental…” Vamos por la vida interprentando cientos de papeles ignorantes de ello, tomándonos todo tan en serio que es para partirse de la risa. Nadie es culpable y si hubiera alguna culpa sería la inconsciencia. Ni por casualidad atinamos a saber quienes somos, porque son muchos los intereses que nos mueven, intereses que finalmente terminan confundiéndonos. Para unos sus intereses son el sexo, para otros la religión, para otros su trabajo, para otros su familia, algunos luchan vehementemente por salvarse, otros protegen con uñas y dientes su territorio, con sutileza, para que no se note esa parte animal. Somos profundamente inconscientes y vamos por el mundo haciendo alarde de razones y de intelectos que son migajas de esa gran Conciencia en la que flotamos todo el tiempo. Nos damos lujos, los lujos de dudar y de volvernos intelectuales en la duda, disfrutamos con el hedonismo, el imperio de los sentidos maquillado de profundidades yermas que sólo pretenden realzar el yo individual. Engrosamos las raíces de un ego ya desgastado por las modas que van y vienen y desde ahí nos sentimos especiales, sin saber que todo es finalmente consumido por el fuego del tiempo, porque nuestra casa es el tiempo, no el Ahora. Languidecemos después de periodos más o menos triunfales en los que sentimos que somos reyes de nuestra vida. Con que bella dureza el tiempo se encarga de arrastrar los rastrojos que se acumulan en las orillas del río eterno que es la vida. Realzamos el yo individual y nos damos grandes lujos, aquellos mediante los que critamos a los que se mueven en la superficie. La ignorancia es el único pecado (es un modo de hablar). No somos culpables de nada, la culpa es la falsa hija de la responsabilidad, la responsabilidad es hija de la libertad y la libertad proviene de la Conciencia, y la pongo con C mayúscula para no confundirla con la conciencia individual, que es una ilusión a la que no cedemos por arrogancia. Quien es libre es responsable. No podemos ser culpables sino somos responsables y no podemos ser responsables sino somos libres, y no podemos ser libres si estamos pensándonos todo el rato, sólo ignorantes atrevidos que creen ser libres. Nos pensamos y nos damos vueltas, nos moldeamos y nos transformamos y pensamos que de algún modo ya hemos descubierto aquello que buscábamos y la duda nos vuelve a arrastrar y a confundirnos…. ¡bendita duda! Mientras no comprendamos que somos Uno, o mejor dicho, que la conciencia no es divisiva, que somos No-diferentes, vamos a andar trayendonos de nuevo a las puertas de esa comprensión a veces con golpes terribles que sacudan el ego hasta consumirlo, ¡que gran Verdad! Hasta que no nos inunde esa comprensión que no es asible por el intelecto, hasta que no diferenciemos el “lo entiendo” del “sé” o el “soy” seamos pacientes como la amada lo es en la espera de su esposo. Ella sabe que su esposo llegará, más no sabe cuando y en su fé no desespera. Ya a su llegada comprenderá que el esposo amante nunca marchó y nunca llegó, pues siempre estuvo, porque lo que el es, está más allá de un simple pensamiento humano sometido al desgaste de los años.  Ayer el ego de un hermano mío preguntaba si existe la Eternidad… no sé si la preguntaba se hizo desde el silencio que es respuesta en sí, o en un afán de satisfacer la sed de razón. Invito a ese hermano mío a que realice de nuevo esa pregunta y escuche el silencio desde el que la genera. Ahí reside la Eternidad y entonces la pregunta queda obviada. El Espíritu es el músico de la creación, quien lleva la riendas de todo sin sentirse propietario porque no tiene centro, el es todo pero no es más una cosa que otra. El es quien hace que la música suene y toda la música está contenida en el y no hay buena y mala música, porque el músico no separa esto de aquello. El alma es la música del Espíritu que suena a través del instrumento de la mente y del cuerpo. Vivimos como si fueramos el instrumento y nos vivimos poseedores de dicho instrumentos y paradójicamente no somos capaces de ver más allá de ese instrumentos que decimos ser, y cuando en algún momento la atención hace acto de presencia, nos sorprende que algo más que nuestros límites haga ese acto de presencia… ups, ¡que ha sido eso!. Entonces decimos, ¡anda mira, si tengo atención, si puedo observar todo aquello que hace un momento creía ser!” cayendo en el error de creer que el “yo” puede poseer la atención, la conciencia de existir. La atención que el yo posee es actividad mental, la actividad mental es duda, la duda es el reflejo de la conciencia individual, la conciencia individual es el reflejo de la conciencia no dual (conciencia global), es el reflejo del sol en la luna. ¿Creemos que somos luna?, no, creemos que somos los objetos que la luz de la luna reflejan. Somos verdaderamente particulares, verdaderamente hermosos, hemos confundido absolutamente todo y vamos por el mundo fardando de instrumento o lamentándonos de el y tratando de desafinar, porque quien mas fuerte desafine más se hace notar. La propuesta ahora es permitir que el instrumento se ponga al servicio del alma, al servicio de la música, en lugar de luchar contra esa música que somos imponiéndo nuestras adicciones personales, sometiendo al alma a nuestro cuerpo y a nuestra mente. Cuando hacemos la única elección que tenemos (ese es realmente el libre albedrío) , a saber, “soltar” el yo o creernos sus dueños, el alma toma el control y el yo tiene miedo por un rato y después la personalidad y el cuerpo brillan con la hermosa melodía del alma que entregada al músico que es la conciencia no dual, el Espíritu, queda orquestada en este juego de luces y colores de una belleza inconmensurable. Ese músico es quien tu eres, y lo unico que te limita de saberlo es un pensamiento… a saber, “¿de qué habla este tío?”. Un abrazo.

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2 comentarios »

  1. Hola Jesús.

    Gracias por tus palabras. Te animo a que sigas trabajando y no ceses en tu empeño, porque la recompensa se encuentra implícita.

    Decias “sin saber que todo es finalmente consumido por el fuego del tiempo, porque nuestra casa es el tiempo, no el Ahora.” ¿Acaso no vivimos en un Ahora eterno limitado a su vez por el tiempo? ¿ No es el Ahora la casa única y real? ¿La casa que debemos disfrutar en ese tiempo limitante y desconocido?

    Comentario por Rossika — 27 septiembre 2009 @ 19:19 | Responder

    • gracias por el comentario Rosa. Aportaba que nuestra casa es el tiempo, no el sentido real, sino en el sentido figurado de que vivimos desde la conciencia individual, separada, es un estado mental, que crea el tiempo, cuando en realidad vivimos en el ahora, somos el ahora, pero no nos damos cuenta. El tiempo es, como dicen los indues, maya, ilusión. Jesús

      Comentario por chusju — 28 septiembre 2009 @ 18:24 | Responder


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