DESPERTANDO A LA VIDA

8 octubre 2009

Virus A/H1N1. Una nueva herramienta para instrumentalizar el miedo.

Filed under: 1 — chusju @ 22:43


Derechos en papel mojado


 

En las últimas semanas del pasado mes de Abril, y en los primeros días de este mes de Mayo de 2009, hemos tenido de nuevo la oportunidad de reconocer cómo de rápido se puede propagar el pánico.

 

No es que esto sea una gran novedad pues a lo largo de la historia deberían de considerarse como atípicos los largos periodos de tiempo en los que el pánico no haya estado presente, ya sea en guerras, epidemias o incluso en periodos en los que la supuesta normalidad ha sido el origen de las peores tragedias, eso si, calladas y soterradas.

 

En nuestra época actual el miedo lo encontramos en cada esquina de nuestra civilización, se diría que forma parte indisoluble de nuestra manera de entender el mundo y de hacer que funcione: se educa bajo la señal del miedo mostrando el destino, como un desdichado y pobre futuro, para todos aquellos que no consiguen superar los mínimos exigidos o para los que en cualquier momento causan algún tipo de perturbación no deseada. Esto conduce a que la gente se agrupe por miedo, creando en ese mismo momento un frente, o frontera, que genera miedo en los que quedan fuera. Miedo que crea miedo. Así iniciamos nuestro camino en la sociedad y así seguimos. La gente tiene miedo de perder la salud, de que le roben lo que consiguieron almacenar durante años,  miedo que también es utilizado por otros para gobernar, para vender más, para manipular.

 

Sin embargo este miedo se suele mantener siempre bajo control pues es la única forma de convertir en productiva esa dolorosa espuela que asegura respuestas uniformes independientemente de la edad, raza o el nivel económico. Mantenemos en definitiva un equilibrio que nos podría hacer pensar que es parte de una tragicomedia en la que por ejemplo estamos tan necesitados de delincuentes como de policías para que el sistema funcione. Y así todo fluye: la policía captura de vez en cuando a criminales, los marginados no desbordan los rincones que los identifican como desheredados, los enfermos sobrellevan sus males o si mueren lo hacen dentro de los límites esperados y de manera civilizada. Todo se autocontrola. Nos adaptamos en definitiva a vivir manteniendo medidas que parecen asegurarnos el control de cada situación. Además se nos garantizan, en cierto modo,  unos derechos que supuestamente hacen posible una vida más segura. Podemos además protestar, o incluso pedir una indemnización, cuando esos derechos no se han respetado.

 

Pero en realidad todo esto forma parte de un mundo imaginario tejido con hilos muy débiles.

 

En ocasiones el miedo no se puede mantener bajo ese control. Esto sucede cuando en los demás sólo encontramos la misma confirmación de nuestro miedo, convirtiéndose además cualquier persona en garantía de nuestra posible muerte y no del mantenimiento acordado de nuestros mutuos derechos. Es entonces cuando se rompe ese vínculo que hace posible la vida en sociedad. Cada cual sólo se preocupa de defender unos derechos que lo aíslan aún más, ya que el derecho a la propia vida puede ser puesto en peligro por cualquiera y en cualquier momento.

 

 

Una temida promiscuidad


 

Esto es lo que sucedió durante las últimas semanas. En varias localidades de México apareció en escena un nuevo virus que causó una alarma nacional que al poco tiempo se transformó en alarma mundial. El virus de una nueva gripe porcina, hoy día llamado virus A/H1N1, que supuestamente estaba acabando con la vida de multitud de mexicanos, se propagaba entre la población con una velocidad más que preocupante. Cada día aparecían nuevos casos y la lista de fallecimientos no cesaba de incrementarse.

 

Cuando aún no se sabía que el virus era un recién llegado ya se empezaba a sospechar de que algo atípico debía de estar detrás de esas gripes puesto que en una soleada primavera no podía ser nada frecuente este tipo de epidemias.

 

Hasta que llegó la noticia desde Canadá y todas las sospechas se confirmaron. El nuevo virus parecía salido de una espantosa, y casi imposible de imaginar, promiscuidad entre humanos, cerdos y aves. Un ménage à trois inconcebible pero grotescamente real que amenazaba al mundo con expandirse más allá de las fronteras mexicanas.

 

En México pasaron entonces del miedo al pánico con la rapidez que ni el mismo virus A tiene para propagarse entre la población. Algo semejante, aunque rebajado en intensidad, se vivió en países que importaron enfermos con esta gripe, es decir, turistas de regreso a casa.

 

Qué sucedió entonces

 

Tanto en las catástrofes como en las grandes celebraciones la gente suele actuar de manera descontrolada y fuera de toda lógica. Tan irracional es quien se preocupa de llenar su maleta con todas sus pertenencias cuando el barco se está hundiendo como el que cree tener una licencia especial para que su cuerpo soporte litros de alcohol el día de la victoria de su equipo.

 

Los acontecimientos extraordinarios, ya sean estos para bien o para mal, nos trastocan por completo las neuronas. O nos creemos el centro de todas las conspiraciones del Universo, o nos creemos supermanes capaces de resistir más allá de los límites humanos. En ambos casos nos equivocamos. Esto mismo ha sucedido con la gripe A, aunque en este caso algunos se han equivocado a su favor.

 

La gripe A, si bien sólo ha sido mostrada como una catástrofe, cuando menos por los trastornos y daños económicos que está causando, ya que las víctimas entraron en cifras menguantes y por lo tanto los fallecimientos dejaron de ser el principal contratiempo, debería de ser también entendida como un fenómeno propiciatorio de crisis enriquecedoras por parte de quienes si saben controlar el miedo.

 

Claro está que al darse todo mezclado en tan poco tiempo: el miedo de la gente, las opiniones de los médicos, las reacciones de los gobiernos,… en definitiva, la confusión generada ha sido enorme y de esta manera es complicado razonar. Imagínese, sino, a usted mismo en un callejón oscuro y a alguien que de improviso le apunta con un virus A, ¿cómo se puede pensar con claridad en una situación semejante?.

 

Separando y aclarando

 

1) Pánico por la pandemia

 

El conocimiento que la población ha tenido del virus A ha sido a través de los medios de comunicación en el 99,99% de los casos, tanto en México como fuera de este país. Un contacto directo con el virus, ya sea en primera persona o en familiares o conocidos, sumaba una cifra de personas insignificante y en ningún caso capaz de provocar alarma ni siquiera aunque estas personas afectadas de manera directa se hubiesen dedicado a pregonar sus males con altavoces.

 

De hecho en algunos periódicos mexicanos, los comentarios de los habitantes de varias ciudades donde había afectados eran algo así como: “ya dicen que llegó la gripe a nuestro barrio”, “me contaron que la novia de alguien que vive en ese barrio conoce a unos afectados en una calle cercana a la suya”, es decir, todo eran referencias muy lejanas. Casi nadie comentaba que hubiese visto a afectados y menos aún al virus en acción.

¿Se podía tener miedo del virus en esta situación?

 

Yo diría que no. La gente de lo que tenía miedo era de la epidemia o pandemia. Temían contagiarse de epidemia.

 

Lo que llegaba a sus ciudades, a su barrios o a sus calles, era una especie de viento fúnebre que había despertado la alerta mundial.

 

Parecía lógico suponer que tantos millones de personas no habían quedado aterrorizadas al unísono por simple gusto sino que esa respuesta de pánico sólo podía deberse a un agente maligno que estuviese detrás de la palabra epidemia o pandemia.

 

Sin embargo ni una de esas personas que compraron mascarillas, que evitaron hablar cerca de los vecinos, que dejaron de asistir a cualquier lugar donde se reuniesen más personas, podía decir que su miedo tuviese un origen ajeno al que les habían trasmitido desde los medios de comunicación como portadores de las recomendaciones, o noticias, de gobiernos o instituciones sanitarias. Ninguno de ellos en definitiva fue presa del pánico por haber tenido un enfrentamiento directo con el virus A o por haberlo visto actuar en otras personas.

 

Esto es importante tenerlo en cuenta porque el pánico, por muy intenso que sea, no convierte en verdadero, como causa maligna, aquello de lo que se tiene un intenso e irracional miedo, y menos aún cuando el pánico se ha originado de manera indirecta debido a lo que otros nos contaron.

 

En ocasiones, de manera malintencionada, se pretende equiparar la magnitud del problema, en este caso la peligrosidad del virus A, con el pánico generado, cuando realmente ese pánico sólo ha sido obra de quienes decidieron poner en marcha esa alarma social.

 

2) Haciendo negocio


 

La actuación de la OMS en todo este asunto del virus A ha sido impecable, o desastrosa, todo depende del bando en el que nos situemos: por un lado los que tienen algún interés en el negocio medico-farmacéutico, por otro los que padecen a consecuencia de las enfermedades y de los fármacos.

 

Cuando estábamos en los primeros días en los que se informó fuera de México de que algo preocupante estaba sucediendo, la OMS mostró una calma muy de agradecer pero al mismo tiempo lanzaron al viento las trompas que anunciaban el fin del mundo.

 

Desde la OMS se dijo: que no recomendaban el cierre de fronteras, que se aplicasen las medidas profilácticas que cada país entendiese como oportunas, que no veían necesario incrementar el nivel de alerta sin existir un motivo justificado para hacerlo.

 

Desde la OMS también se dijo: que así comenzó el virus que asoló el mundo en 1918, de manera suave en un primer momento para luego acabar con la vida de decenas de millones de personas, que ya no había forma de detener la pandemia (esto lo dijeron en los primeros días), que si el virus A entraba en contacto con el virus de la gripe aviaria el resultado podría ser impredecible y potencialmente peligroso.

 

Esto último me desconcertó escucharlo porque no sabía a quienes iba destinada esa noticia. ¿Acaso la OMS no tiene enlace directo con los diferentes gobiernos asiáticos? Lo pregunto porque lanzar esas declaraciones en una rueda de prensa sólo pueden perseguir uno de estos dos objetivos:

 

1- Que todos aquellos que nada pueden hacer para impedir que el virus A vuelva a hacer de las suyas y avance en su promiscuidad uniéndose al virus de la gripe aviaria, es decir, prácticamente el 100% de la población mundial y entre ellos los habitantes de los países asiáticos, se queden paralizados del miedo imaginando un nuevo virus aún más letal. Es decir, que la OMS lo que estaría buscando (tal vez no de forma consciente, sólo tal vez) sería generar pánico, adelantando acontecimientos que en ningún caso puede tener seguridad de que sucederán o de que las consecuencias de la promiscuidad de los virus fuesen dignas de algún temor.

2- No se me ocurre ninguna otra intención al margen de la anterior porque me parece absurdo que la OMS se dedique a lanzar mensajes a los gobiernos de los países asiáticos a través de la prensa alertando sobre la unión del virus A y el virus de la gripe aviaria, y sin embargo los visite individualizadamente para recomendarles que compren antivirales. Hoy mismo ha aparecido una noticia en los medios de comunicación en la que Nata Menadbe (Subdiretora regional de la OMS) comenta que mantienen una relación intensa con los gobiernos, incluso a través de teleconferencias. Ciertamente esto sobraba mencionarlo porque ese contacto se daba por supuesto, pero quería dejar claro que la intención al mencionar la posible unión del virus A y el de la gripe aviaria no podía perseguir una respuesta eficaz para que esa unión no se produjese en una población que sólo podía responder con miedo ante la noticia, o ¿acaso esperaban en la OMS que la población asiática se dedicase a cazar virus A al vuelo para colocarles a cada uno de ellos un cinturón de castidad?.

 

Mencionar la gripe española de 1918 (esto se lo debemos a Keiji Fukuda, director general adjunto de la OMS), fue también muy desafortunado, recomendando además que nos preparásemos para lo peor. Aunque si el objetivo de la OMS era crear alarma entonces cumplieron bien con su misión.

 

De hecho la OMS que tan prudente ha sido para aceptar cada caso de nuevo contagio por gripe A fue sorprendentemente rápida para anunciar que los antivirales creados para la anterior, y aún pendiente, pandemia de gripe aviaria aseguraban una mejor respuesta de los enfermos al temido virus.

 

¿Cómo podemos entender esto?

 

Por un lado no confirman ningún caso de afectados por gripe A hasta que un laboratorio lo certifica, pero por otro desde los primeros días ya nos dicen que el tamiflú es el medicamento de elección en estos casos y que tal vez el mayor número de muertos que se produjo inicialmente fue debido a que no se les suministró este fármaco.

 

Muy curioso razonamiento cuando la gripe parece ser que es aún más leve en sus síntomas que la gripe estacional, conocida por muchos, y que no necesita de ningún antiviral.

 

Sin embargo la gripe A, en recomendaciones de la OMS, debía de encontrar millones de dosis de antivirales esperándola en cada país.

3) Diferenciando pandemia y virus A.


 

Como ya comenté en el punto 1, la población de lo que realmente ha tenido miedo ha sido de la imagen que se ha montado sobre la palabra pandemia o epidemia. Es el miedo a la propagación de la enfermedad, al avance irracional de un agente enemigo y letal ante el cual nada se puede hacer. Es el mismo miedo que en pasados siglos podían sentir poblaciones ante el ataque de ejércitos invasores. Sin atender a razones, sin respetar nada ni a nadie, llegaban un mal día y acababan con la vida de la mitad de los habitantes de un país.

 

En aquellas épocas, y en aquellas invasiones, sólo había que descubrir el brillo lejano de las armas de un ejército para comprender que el fin que perseguían los visitantes no era nada bueno.

 

Pero en esta época, y para “bárbaros” como los virus de la gripe A, tenemos que transformar un mensaje recibido a través de los periódicos, o la televisión, en el mismo pánico que sentían los pueblos invadidos.

 

El pánico, en su sentido biológico, no tendría que ser rechazado o extirpado del ser humano pues gracias a él nuestro cuerpo entra en un estado en el que la consigna es marcharse a toda prisa o reaccionar con toda contundencia ante el enemigo. Sin embargo, el pánico moderno ante el virus A, aparece en quien tranquilamente está viendo las noticias frente a su televisión. ¿A dónde tiene que escapar esa persona que en unas pocas horas debe, de nuevo, volver a su trabajo? ¿Qué arma debe de utilizar ante el enemigo invisible?.
En las epidemias consideramos que el mismo hecho de la invasión ya es una demostración de la malignidad de quien no espera a ser invitado para entrar en nuestro territorio, y sin embargo esto es equivocado puesto que deberíamos de diferenciar claramente entre la capacidad de un virus para propagarse y lo que ese virus puede causar en el cuerpo de una persona.
Esto que comento es posiblemente uno de los mayores errores que suelen estar asociados a las epidemias y del cual se aprovechan quienes intentan hacer negocio con el pánico.

No niego que el mismo hecho de la invasión no sea merecedor de algún tipo de repulsa o, tal vez, de miedo ante lo desconocido. Pero de la capacidad que puede tener un virus para propagarse con rapidez no se puede deducir nada sobre lo que ese virus podrá hacer en nuestro organismo.

¿Una invasión necesaria?
Sabemos que nadie desea estar enfermo y que cualquiera preferiría resolver sus conflictos biológicos sin necesidad de una décima de fiebre o del menor dolor.

 

Ya puestos podríamos elegir no padecer jamás ninguno de esos conflictos.

 

Si esta capacidad para decidir nuestro destino hubiese estado escrita en nuestros genes, y no sólo fuese del gusto de estos tiempos en los que nuestro cuerpo no puede ser jamás un inconveniente para nuestro disfrute, tal vez permaneceríamos siendo un orondo y autocomplaciente ser unicelular y no los seres humanos en los que nos hemos convertido. Decir esto tal vez da por hecho más de lo que podría demostrar pero doy por cierto que en la evolución de la vida en nuestro planeta los desequilibrios son los que han marcado las tendencias y muy probablemente en ese lenguaje de desequilibrios se encuentren los conflictos biológicos, virus, etc.

 

En el caso de la gripe A seguramente que pocas personas, al margen estarían quienes tienen intereses económicos en el sistema medico-farmacéutico, podrán encontrar en su aparición un sentido, o una utilidad ,que pueda ser bien recibida. Sin embargo si recurrimos a la Nueva Medicina Germánica podremos no sólo encontrar el sentido sino dar una buena explicación de todo lo que está sucediendo en el mundo con esta gripe.

Por los síntomas y órganos a los que afecta esta gripe sabemos que formaría parte final de un programa especial con sentido biológico (SBS), en concreto el virus actuaría en la fase de curación, iniciado con un conflicto biológico que sería de “miedo en el territorio”.

 

Este tipo de conflictos es bastante común y más aún en una sociedad tan competitiva como la nuestra, en la que la defensa del propio territorio es en ocasiones una constante que se ha convertido en un distintivo meritorio de hombres y mujeres que saben proteger lo que es suyo.

 

Debe tenerse en cuenta que por territorio también puede entenderse lo que forma parte de él.

Tendríamos por lo tanto un virus que entraría en acción en esos casos, frecuentes, de personas que estuviesen pasando en el momento de la infección por esa fase de curación. Así se puede explicar la enfermedad, pero ¿qué podemos decir de la epidemia?.

Creer que la enfermedad si puede tener sentido, pero no la epidemia, probablemente se deba al supuesto equivocado de que la epidemia sería una demostración de que personas “sanas” podrían contagiarse y padecer la gripe.  La confusión al respecto seguramente se debería a la creencia de que los conflictos biológicos son realmente una rareza y es imposible que tantas personas al mismo tiempo estén necesitadas del virus. Sin embargo no hace falta entrar en un análisis muy pormenorizado de las situaciones vitales de la población de cualquier ciudad para adivinar que este tipo de conflictos si pueden ser muy frecuentes.

¿No le resulta a usted fácil imaginar acosos y agresiones dentro de lo que considera su territorio? ¿No recuerda acaso los malos ratos que le hizo pasar el hijo del vecino cada vez que se encontró su querido coche con un nuevo arañazo? ¿No recuerda usted el miedo y sinvivir en el que le situó aquel chaval? ¿Ya olvidó las amenazas del padre, del santo chaval, cuando usted se quejó? ¿Qué podría decir del nuevo jefe de su trabajo que llegó con fama de despedir empleados sin ninguna consideración?

Por lo tanto parece claro que la gripe eclosiona en un medio en el que multitud de solicitantes están necesitando de su actuación.

 

Que este virus, además, tenga tanta facilidad para propagarse es sólo la demostración de sus habilidades, o de la afinidad de las personas por el virus, pero esta fase de propagación es ajena a la que se traduce en enfermedad. Confundir ambas fases es como creer que los mejores paisajes estarán allí donde podamos llegar con más rapidez, o creer que los mejores libros son los que más se venden.
El virus A se propaga por lo tanto porque tiene esa capacidad, pues sólo necesita de un estornudo, o de una tos, para ser lanzado en busca de nuevos huéspedes.

 

 

Que usted reciba una “rociada” del virus no quiere decir que tenga que padecer la gripe. Tal vez podría ser un portador sano del virus si en ese momento no se encuentra en fase de curación de un conflicto de miedo en el territorio.

 

Claro que si usted fuese una de esas personas aterrorizadas gracias a la OMS, y en fechas anteriores al contagio sufrió un conflicto del tipo mencionado, al escuchar las noticias que comparaban el virus A con el causante de la gripe española de 1918, si podría pasar a ser uno más de los que padecerán la nueva gripe.

 

Queda claro que la gripe causada por el virus A puede ser útil para nuestro cuerpo si necesita de su ayuda para una completa curación, pero en ningún caso la gripe en si misma puede ser calificada como deseable porque nadie desea estar enfermo y más aún cuando esa enfermedad se puede descontrolar.
Sobre las fronteras y los Estados
No es ni lógico ni razonable que podamos establecer fronteras para problemas de salud como el que plantea la gripe A. Hacer esto es tan absurdo como querer ponerle límites al cielo dictaminando qué nubes pueden entrar en nuestro territorio y cuáles se deben de quedar fuera.

 

Tanto la epidemia iniciada en México, como el calentamiento del planeta, la gestión de los recursos naturales,… son asuntos que demuestran al mismo tiempo la miseria de nuestra civilización y la miopía interesada que no tiene ningún inconveniente en destruir una parte de nuestro mundo para enriquecer al resto. La realidad, muy a nuestro pesar, es que el mundo es sólo uno y lo único que conseguimos es una destrucción global y progresiva.

 

La gripe causada por el virus A jamás debería de haber sido tratada como un problema local mexicano del cual se podían aislar, o desentender, el resto de países. Lo mismo se puede decir de tantas otras enfermedades que se exportan por el mundo y que cada vez que llegan a países pobres causan estragos.  
Durante estos días la gripe ha pasado a un segundo plano. Ahora son las armas nucleares de Corea del Norte las que vuelven a demostrarnos que este mundo que hemos inventado sólo será posible si existe colaboración. Sólo tenemos un planeta y en conjunto, los seres humanos, somos como un gran organismo que necesita de una respuesta coordinada.

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