DESPERTANDO A LA VIDA

27 noviembre 2010

Hubo un día…

Filed under: Sin categoría — chusju @ 3:05

Hubo un día que (en realidad no fue uno solo) me aventuré a los límites del sueño que es vivir. Cual fue mi sorpresa que me vi inmerso en algo más grande que esa parte del sueño que ahora sé que soy, sin todavía SABERLO, porque no supe, no quise o no pude ir más allá de ese límite. Allí descubrí que todo aquello que yo creía de mi, era tan solo una ilusión… mis anhelos, mis deseos, mis pensamientos, mis sentimientos, todo era profundamente inestable en sí mismo. Ese fue el momento en el que me di cuenta que mi rebeldía frente a todo lo que había recoletado en mi mente a lo largo de mi vida, gracias a la ayuda de tantas personas, carecía también de realidad por sí misma. Ese día descubrí que tanto la aceptación sin más de lo aprendido como la más reciente rebeldía frente a eso mismo, era todo materia inestable. ¡Qué paradoja! Descubrí que detrás de cada una de mis máscaras, de los papeles que ejerzo en la vida (como hombre, como profesional, como hijo, como “esposo”…) se ocultaba algo tremendamente aterrador de entrada y treméndamente esperanzador… Llegué hasta la esperanza, hasta la intuición profunda, más no hasta las entrañas de esa Verdad. Esa Verdad desnudaba cada una de esas máscaras, entregando una imagen de afán personal en ese momento evidente, tras la pátina del buen hacer, del beneficio más amplio. Descubrí que de ahí emanaba todo el sufrimiento que habitaba en ese sueño de “mi” que jamás había cuestionado de esa manera. Entendí lo que antaño había escuchado de la Verdad en boca de otros,que resonaba en el corazón sin saber muy bien qué hacer con eso. La Verdad, cuando acerté a colocarme en aquel limite se parecía más a una streaper de almas. Ahora sí veía por qué con tanta frecuencia la humanidad casi al completo huye permanentemente de la Verdad. Hasta entonces pensaba que temíamos nuestras sombras, lo que hemos acordado en llamar limitaciones, lo cual, sí, bueno, tenía cierto sentido cuando andamos más bien perdidos, porque nos da alguna orientación, pero llegado a ese límite vi claramente que lo que realmente tememos los seres humanos es nuestra luz, diría Luz. Recuerdo el momento en el que Jesús hizo llamar en un acto de fe a uno de sus apóstoles a acercarse a él caminando sobre las aguas, haciéndole una invitación y reclamando el poder que habitaba del mismo modo en el apostol que en Jesus y como el apostol, con una audacia tremenda se lanzó en plena confianza y logro caminar sobre las aguas… hasta que dudó, dudó de su Luz, dudó de su inmensidad y dudó de su verdadera naturaleza. Estos y otros muchos fragmentos de una biblia corroída por la interpretación ampliamente negada como tal, me hicieron pensar que ciertas personas que convivían con Jesús, tuvieron grandes dificultades para entender que Jesús no quería que lo siguieran sino que descubrieran la Verdad de la luz que cada uno de ellos era. Imaginaba que los que escribieron la ahora Biblia en aquellos tiempos, toda vez que Jesús se había marchado, todavía tendrían más dificultades en comprender y ya empezarían a adaptar el mensaje fundamental en una versión “masticable” para ellos mismos y para los que iban a leerlo años más tarde y de ese modo el mensaje quedó en una caricatura por la que se podía entrever algo del original, con la suerte de que aquella caricatura atraía el corazón de muchas personas que sin saber por qué, como me pasó a mi cuando oí hablar de La Verdad, buscaban algo escondido en aquellos pergaminos. Ello motivó a quienes se hicieron testigos del mensaje a adquirir un compromiso para explicar las palabras del Maestro y aquello les otorgó un aparente sentido de poder personal sobre ellos mismos y poco a poco sobre quienes buscaban descubrir esa Verdad. Se fueron colando, tras el velo de las buenas intenciones, intereses personales, evidentemente a falta de la Verdad con mayúsculas, mientras que ese sucedaneo iba creando una ilusión de Verdad y de falso poder. Empezamos a creer, no que éramos la Luz (una píldora demasiado grande para tragarla), sino que necesitabamos la Luz del Maestro, algo más asumible y al mismo tiempo inalcanzable. De repente también eramos indignos de ello y un montón de cosas más que acorazaron un sistema que se justificaba a sí mismo. “Cuando mi madre escucho que un extraño sacerdote le dijo que el reino de los cielos estaba dentro de si misma, muerta de miedo salió despavorida de la parroquia” (de la serie “abducidos” de Steven Spielberg). ¡Cómo entendí aquella frase en la frontera del sueño al que llamamos vida!. ¡Oh Dios mío, dime que soy pecador y con gusto te creeré, tu tendrás que salvarme y siempre seré indigno para ello, todo dependerá de tí… pero por favor, no me digas que yo soy la Verdad misma, que yo soy la Luz misma, que yo soy el Amor mismo, que yo soy Todo en el Todo… no sabría que hacer con eso! Me parece un gran miedo, uno a escuchar, porque es la frontera última, pasada la cual no queda nadie a quien preguntar, nadie a quien señalar, nadie a quien llamar. En el Todo, todo es y nada es por sí mismo. Entendí que era un fragmento más del sueño de Dios, entendí que prefería ser un fragmento a no tener frontera alguna con la cual definirme, a desbordarme como el Todo sin parte alguna. Volví al sueño y desde entonces estoy en él, con una astilla clavada en mi mente, pero sobre todo clavada en el corazón, la astilla de la Verdad, tratando vanamente de despertar a otros, creyendo a veces torpemente que soy “Despertar”, sin saber que eso es una parte más del sueño Del que Vive en todo y como todo. Imagina un sueño en el que sabes que es un sueño y les dices a otros “eyyy, que es sólo un sueño”, pero empiezas a sentirte pesado y empiezas a olvidar en el momento en que las voces que sienten tu amenaza se desploman contra tí. ¡Claro tonto!, me digo, ¡yo también sigo soñando y sueño ahora que tal vez eso deje un poso, la idea de una astilla clavada en la mente de esos otros fragmentos de sueño que aparentan ser reales, ¡Dios se sueña y en algún punto ha olvidado (a modo de juego) de que eso es lo que hace, ¡soñar la vida!. Soñemos pues… ¿imagináis que sería el sufrimiento y el dolor desde esa visión del juego?, ¿imaginais que sentido tiene la lucha contra la vida?, ¿imaginais que levedad sería la  que procede de esa Verdad desgranándose en infinitos fractales de realidad?, ¿Creeis que sirve de algo soñar que hacemos estas preguntas y soñar que las respondemos? Tal vez ello sea todo La Verdad haciéndose esas preguntas.

Hubo un día que casi nunca vuelve y que desnuda el yo que creo ser y cada uno de nuestros comportamientos, amparados por el miedo, primero a no ser y finalmente a Ser, SEr, SER.

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